"Control Chat": El verdadero patógeno es el control y Europa está al borde de una distopía digital
“Control de chat” pone en riesgo la salud mental y la práctica médica al destruir el vínculo sagrado entre pacientes y profesionales.
Dra. Natalia Prego Cancelo, considera que si te suscribes estás haciendo una donación.[Suscríbete aquí para recibir mis artículos]. (https://nataliaprego.substack.com/subscribe)
ÚLTIMA HORA:
💬ChatControl no ha salido adelante
🟢Estados en contra(9):
🇦🇹Austria
🇧🇪Bélgica
🇨🇿República Checa
🇫🇮Finlandia
🇩🇪Alemania
🇱🇺Luxemburgo
🇳🇱Países Bajos
🇵🇱Polonia
🇸🇰Eslovaquia
🔴Estados a favor (14):
🇧🇬Bulgaria
🇭🇷Croacia
🇨🇾Chipre
🇩🇰Dinamarca
🇫🇷Francia
🇭🇺Hungría
🇮🇪Irlanda
🇮🇹Italia
🇱🇻Letonia
🇱🇹Lituania
🇲🇹Malta
🇵🇹Portugal
🇪🇸España
🇸🇪Suecia
🟡Estados indecisos(4):
🇪🇪Estonia
🇬🇷Grecia
🇷🇴Rumania
🇸🇮Eslovenia
La propuesta que fue reintroducida por 🇩🇰Dinamarca, al iniciar su presidencia de la UE en julio de 2025 no ha salido adelante, por tercera vez.
La reunión no alcanzó un acuerdo general, quedando en un punto muerto debido a la oposición creciente, especialmente con la adhesión de Alemania y Luxemburgo en las vísperas, lo que configura una minoría de bloqueo (al menos 4 Estados representando más del 35% de la población de la UE).
Esto impidió avanzar hacia una votación formal en octubre, aunque la presidencia danesa podría intentarlo más adelante.
Sea como sea, por tercera vez, Europa no sucumbió a semejante barbaridad. https://t.me/StarkPrivacy
Durante la era de covid, comenzó una nueva era, casi sin darnos cuenta: la era del control del comportamiento. Bajo el paraguas de la salud pública, se probaron técnicas de vigilancia masiva y manipulación emocional que, lejos de desaparecer con el virus, se están institucionalizando como norma. El ejemplo más reciente y peligroso es la propuesta de la Unión Europea de "Control del Chat": un plan para escanear las comunicaciones privadas de todos los ciudadanos, incluidas las cifradas, en tiempo real con el fin de combatir el abuso infantil.
Pero lo que está en juego va mucho más allá de ese objetivo. La confidencialidad médica, la confidencialidad terapéutica, la libertad periodística y la autonomía mental están en riesgo. Una vez que el Estado puede monitorear sin límites lo que decimos, lo que preguntamos, lo que sentimos… lo que pierde no es solo nuestra privacidad. Lo que se extingue es la democracia misma.
Este artículo es una advertencia urgente: sobre la salud como excusa, la vigilancia como política y el avance silencioso pero implacable de un sistema que no quiere protegerte, sino programarte. Porque si no detenemos ya este proyecto totalitario disfrazado de protección, Europa no solo perderá su privacidad. Sin duda, perderá su alma.
Hay propuestas que ni siquiera deberían entrar en debate público simplemente porque contradicen los fundamentos más básicos de una sociedad libre. La medida "Control del Chat", promovida en la Unión Europea, es una de ellas. La mera idea de implementar un sistema de vigilancia masiva que escanee las comunicaciones privadas de millones de ciudadanos —sin orden judicial, sin sospecha previa, sin límites— es una aberración legal, ética y política que debería haberse descartado de inmediato. Y, sin embargo, aquí estamos: en el siglo XXI, debatiendo si el Estado tiene derecho a leer cada mensaje, revisar cada fotografía y husmear en cada rincón de nuestra vida digital.
La excusa es poderosa, casi incuestionable: la lucha contra el abuso sexual infantil. Pero por noble que sea el objetivo, los medios propuestos no solo son desproporcionados, sino inaceptables. Lo que propone "Control del Chat" no es una mejora técnica ni una reforma específica; es una demolición sistemática del principio de privacidad. Se trata de establecer una forma de sospecha universal, en la que todos somos culpables hasta que un algoritmo nos absuelva.
El Estado no puede invadir lo inviolable
La privacidad no es un lujo burgués ni un escudo para los criminales. Es el corazón palpitante de la libertad individual. Es prerrogativa de todo ciudadano vivir sin ser observado. En las democracias, el Estado no interviene en la vida privada de las personas salvo con causa justificada, un estricto control judicial y pruebas fundamentadas. No escudriña a millones en busca de unos pocos. No convierte la excepción en la regla. No convierte el hogar —y el teléfono móvil lo es hoy en día— en una sala de interrogatorio permanente.
Lo que esta medida propone rompe con siglos de evolución constitucional. Viola flagrantemente el artículo 18 de la Constitución Española y los principios fundamentales del derecho europeo. Equivale a instalar cámaras en cada salón, registrar cada carta, grabar cada conversación íntima entre amantes, entre pacientes y médicos, entre periodistas y fuentes. Todo esto está automatizado, sin supervisión judicial, sin garantías efectivas.
Un Estado que vigila sin límites es un Estado que ha cruzado la línea
Lo más alarmante es la arquitectura de control social que se esconde tras el eufemismo "protección infantil". La lógica del control total se normaliza. Dejamos de perseguir el delito y empezamos a anticiparlo mediante mecanismos predictivos, algoritmos opacos y redes neuronales que clasifican nuestra vida cotidiana. El Estado deja de ser garante de derechos y se convierte en un centinela permanente, un juez algorítmico, un justiciero sin rostro.
Este salto no es técnico, sino ideológico. Y marca una ruptura radical con los valores fundacionales de Europa. Porque si el Estado puede inspeccionar tus mensajes sin sospechar, dejas de ser ciudadano: eres objeto de análisis, datos bajo observación, sujeto bajo vigilancia. No hay libertad posible donde hay vigilancia sistémica. No hay democracia donde desaparece la privacidad.
La salud como pretexto, la vigilancia como fin
La pandemia de COVID-19 no solo transformó nuestros sistemas de salud. También sirvió, de forma encubierta, como un campo de pruebas sin precedentes para nuevas formas de control social, muchas de ellas tecnológicas, otras directamente psicológicas. En nombre de la protección colectiva —un objetivo legítimo en cualquier sociedad civilizada—, se normalizaron medidas que, fuera del contexto pandémico, se habrían considerado intolerables: confinamientos masivos, toques de queda, restricciones de movilidad, controles exhaustivos de movimiento, censura de la información y, en algunos casos, exigencias de datos médicos personales para acceder a espacios públicos.
Pero lo más grave fue el cambio que se produjo en la relación entre el Estado y la ciudadanía. No se trataba simplemente de proteger la salud pública. Lo que se introdujo, a menudo sin debate democrático ni respaldo legal adecuado, fue un nuevo modelo de gobernanza algorítmica: sistemas que monitorizan, predicen y moldean el comportamiento humano basándose en big data. En resumen: pasamos de un Estado que protege a uno que programa. Y esta lógica de control, revestida de racionalidad científica y eficiencia tecnológica, no desapareció tras la emergencia sanitaria. Ha permanecido y está evolucionando.
En este contexto, la propuesta de "Control del Chat" debe interpretarse no como un hecho aislado, sino como parte de una continuidad sistémica: un paso más en la transición de la democracia a un régimen de ingeniería del comportamiento. El sujeto ya no es tratado como un ciudadano autónomo, sino como una entidad a gestionar, persuadir y reorientar. Las campañas de vacunación con rastreo digital, pasaportes sanitarios y rastreadores de contactos fueron solo el preludio de un paradigma más amplio, en el que la privacidad deja de ser un derecho y se convierte en un obstáculo para la eficiencia del Estado.
Privacidad Médica: El Nuevo Frente de Batalla
Para quienes trabajan en el ámbito sanitario (médicos, psicólogos, investigadores clínicos), el deterioro del secreto profesional representa un ataque directo a los fundamentos de su trabajo. La confidencialidad entre médico y paciente no es un detalle administrativo: es el núcleo ético de toda relación terapéutica. Si se rompe este vínculo de confianza, se destruye la posibilidad misma de una medicina humana, personalizada y respetuosa con la dignidad.
El artículo 18.3 de la Constitución Española no distingue entre el contenido de las comunicaciones: toda la correspondencia debe estar protegida por la confidencialidad, sin excepción. Pero el análisis automatizado de mensajes personales, incluso en plataformas cifradas, amenaza con exponer conversaciones profundamente sensibles, incluyendo aquellas que revelan problemas de salud mental, tratamientos oncológicos, embarazos, estado serológico respecto al VIH, antecedentes de abuso, adicciones o simplemente dudas existenciales. ¿Puede una sociedad democrática tolerar que dicha información sea accesible a un algoritmo y a la burocracia?
Las consecuencias de esta vulneración serían devastadoras. ¿Qué paciente se atrevería a consultar a su médico sobre un trastorno psiquiátrico si supiera que su mensaje podría ser leído, clasificado y almacenado por un sistema digital gubernamental? ¿Qué profesional de la salud ofrecería apoyo sincero si supiera que su conversación podría ser extraída y malinterpretada fuera de contexto? ¿Qué periodista podría investigar las deficiencias de un sistema de salud sin revelar sus fuentes ni sus notas?
El cuerpo como dato, la mente como objetivo
Lo que está en juego ya no es solo la libertad externa, sino la autonomía interna. La vigilancia permanente no se limita a lo que hacemos, sino que busca penetrar en lo que pensamos, cómo nos sentimos y cómo reaccionamos. Somos tratados como modelos predecibles, cuerpos con patrones que pueden corregirse, normalizarse y alinearse con comportamientos "seguros".
Durante la pandemia, esta lógica se desplegó con fuerza: campañas emocionales para moldear actitudes, censura de opiniones disidentes en nombre de la "salud pública" y el uso del miedo como herramienta de gestión social. Todo esto contribuyó a establecer un nuevo régimen donde la ciudadanía ya no actúa desde la razón, sino desde el condicionamiento. No decide: responde a estímulos. No vota: consiente. No piensa: se adapta.
El "control del chat" representa la consolidación de esta transformación. Al institucionalizar la vigilancia preventiva como norma, se da el salto definitivo del estado de derecho al estado de datos. Y en ese mundo, la salud –como la infancia y la seguridad antes de ella– se convierte en una coartada permanente para justificar lo injustificable.
Hipocresía institucional: El poder exige vigilancia, pero no para sí mismo. Un modelo de excepción para todos... excepto para algunos
Lo que convierte esta propuesta en un insulto directo a la inteligencia democrática es la revelación de que ciertos ministros del Interior quieren estar exentos del escaneo automatizado. En otras palabras: los ciudadanos están bajo sospecha; los poderosos, inmunes. Nada mejor que esto para ilustrar el modelo autoritario. Quieren que renuncies a tus derechos en nombre de una seguridad a la que ellos mismos se niegan a someterse. Exigen confianza mientras siembran desconfianza. Se protegen mientras desnudan a todos los demás. Cuando se sabe que ciertos altos funcionarios buscan eximirse del escaneo automatizado. Esta intención revela una paradoja moral insostenible: quienes promueven la vigilancia de la población rehúyen ser monitoreados. En una democracia, el poder debe ser vigilado más de cerca que el pueblo, no al revés.
Esta asimetría entre quienes vigilan y quienes son vigilados es la esencia del despotismo. Y debe denunciarse claramente: esto no es seguridad, es abuso de poder.
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Hay otras maneras de proteger a los niños que no implican destruir los derechos de todos.
Decir "privacidad o protección infantil" es un chantaje emocional tan falaz como peligroso. No tenemos que elegir entre derechos. Podemos —y debemos— proteger a los niños con inteligencia, recursos y mecanismos adecuados. Debemos invertir en equipos especializados, cooperación internacional y tecnologías que identifiquen contenido delictivo con órdenes judiciales y casos fundamentados. Pero nunca mediante la instalación de sistemas masivos de inspección automatizada que lo arrasen todo, incluso a los inocentes, incluso a lo sagrado.
Quien quiera proteger a los niños debe hacerlo dentro del Estado de derecho, no en contra de él. Porque ningún niño estará más seguro en una sociedad donde todos están vigilados, donde todos pueden ser objeto de errores algorítmicos, filtraciones de datos o uso malicioso de información privada. Abrir una puerta trasera en el cifrado es como abrir la caja de Pandora: lo que entra ya no es solo la justicia, sino también el crimen, el chantaje y la manipulación.
Aún estamos a tiempo de detener esta deriva.
Europa debe despertar. Esta propuesta no es un paso adelante: es una regresión civilizatoria. No es un escudo: es una rendición. La Unión Europea se concibió como un proyecto de derechos, garantías y libertades construido sobre las ruinas del autoritarismo. El "control del chat" dinamita esos pilares. Nos empuja hacia una sociedad de vigilancia permanente, de presunción de culpabilidad, de interferencia masiva e incontrolada.
De aprobarse, no será solo un fracaso técnico o legal: será un fracaso moral. Un síntoma de que la política ya no defiende a los ciudadanos, sino que sospecha de ellos. Una advertencia de que el poder ya no se limita a sí mismo, sino que se extiende hasta donde nadie pensó que se atrevería.
No, Europa. Así no se protege a nadie. Así no se construye seguridad. Así no se defiende a los niños. Lo que se propone no es protección, es subyugación. Lo que se está destruyendo no es solo el cifrado: es la dignidad democrática.
El proyecto “Control de chat” no representa una mejora en la seguridad ciudadana, sino un debilitamiento estructural del contrato social democrático
Rechacemos el "Control del Chat" sin reservas, sin peros ni reservas, sin miedo. Porque defender la privacidad hoy es, literalmente, defender la libertad.
Defender la privacidad no es un acto de ocultación. Es un acto de dignidad.7
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https://www.profesionalreview.com/2025/08/07/chat-control-ue/



Estoy totalmente de acuerdo .Los dirigentes de la comision europea estan siguiendo un plan a las ordenes de Élites por encima , incluso en muchos aspectos tomando formas y planes de actuacion implantados hace tiempo en China .... La poblacion adormecida con los telediarios y lo peor perdiendo la capacidad de pensar por si mismos .
https://open.substack.com/pub/josephsansone/p/european-versions-of-the-sansone?utm_source=share&utm_medium=android&r=1g1xw3