La ciencia silenciada: El estudio sobre vacunas que nunca se publicó: Aaron Siri y Toby Rogers lo destapan en el Senado de EE. UU.
El estudio incómodo sobre vacunas y salud infantil: Cuando los datos contradicen el dogma
Dra. Natalia Prego Cancelo, considera que si te suscribes estás haciendo una donación.[Suscríbete aquí para recibir mis artículos]. (https://nataliaprego.substack.com/subscribe)
La ciencia que incomoda
En una época en la que la medicina moderna se ha convertido en una especie de religión institucional, cuestionar la seguridad de las vacunas es prácticamente una herejía. Pero como todo dogma, lo que el sistema protege con fervor no siempre resiste el escrutinio. El testimonio del abogado Aaron Siri ante el Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado de Estados Unidos no fue una simple crítica, ni una simple denuncia: fue una disección quirúrgica, una instantánea de cómo la ciencia puede ser corrompida y manipulada cuando se convierte en un instrumento de poder, en lugar de una herramienta de la verdad.
¿Transparencia científica o censura institucional? Siri no llegó al Capitolio con teorías de la conspiración. Llegó con documentos, con datos, con pruebas obtenidas mediante litigios contra agencias sanitarias que se niegan sistemáticamente a proporcionar información pública.
Habló a partir de los datos. De los documentos que su firma ha extraído mediante litigios contra agencias sanitarias que, paradójicamente, deberían ser las primeras en garantizar la transparencia.
Dado que la medicina se ha convertido en una institución incuestionable, denunciar sus excesos no solo es difícil, sino peligroso. Pero hay momentos en que el silencio es más dañino que el escándalo.
El estudio que inquieta: vacunas y riesgo de enfermedades crónicas en la infancia
Lo que Siri reveló es devastador: los estudios que respaldan la seguridad de las vacunas infantiles no cumplen con los estándares mínimos de rigor científico. Ni antes de su aprobación ni después de su comercialización. Pero ese no fue el más polémico. Fue el estudio inédito del Sistema de Salud Henry Ford, realizado por científicos con una trayectoria impecable, que comparó a más de 18.000 niños vacunados y no vacunados.
Diseño del estudio - Tipo: Estudio de cohorte retrospectivo - Participantes: 18.468 niños nacidos entre 2000 y 2016, inscritos en el Sistema de Salud Henry Ford desde su nacimiento - Grupos: - Vacunado: 16.511 niños con al menos una vacuna - No vacunado: 1.957 niños sin ninguna vacuna - Objetivo declarado: Tranquilizar a los padres sobre la seguridad de las vacunas infantiles. Los hallazgos, aunque no han sido publicados en revistas científicas revisadas por pares, han sido objeto de intenso debate en audiencias públicas y foros de transparencia científica.
¿El resultado? Los niños vacunados presentaban tasas significativamente más altas de enfermedades crónicas: asma, trastornos del desarrollo neurológico, enfermedades autoinmunes.
En algunos casos, la diferencia era tan abismal que no se podía calcular una razón de incidencia: simplemente no había casos en el grupo no vacunado.
Lo que reveló el análisis fue, en palabras de Siri, “alarmante, pero silenciado”: los niños vacunados mostraban tasas significativamente más altas de enfermedades crónicas, como asma, trastornos del neurodesarrollo, enfermedades autoinmunes y retrasos en el habla. En algunos casos, el riesgo era hasta cinco veces mayor. Más aún, en condiciones como Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), tics, discapacidad del aprendizaje, el grupo no vacunado no presentó ni un solo caso, lo que impidió calcular una razón de incidencia. Resultados principales: El estudio reveló que los niños vacunados presentaban una mayor incidencia de enfermedades crónicas en comparación con los niños no vacunados.

Varios estudios se han citado en debates sobre la vacunación infantil, incluyendo algunos citados por activistas como Aaron Siri y Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario del Departamento de Salud y Recursos Humanos de Estados Unidos (HHS).
Este estudio no fue financiado por activistas ni grupos marginales. Fue realizado por epidemiólogos y bioestadísticos de algunas de las instituciones médicas más prestigiosas de Estados Unidos: el Departamento de Ciencias de la Salud Pública de Detroit y la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Wayne.
Peor aún, este estudio nunca se publicó. ¿El motivo? Miedo.
¿Por qué? Supuestamente, las razones fueron institucionales y personales:
• Uno de los investigadores temía molestar a los médicos del sistema.
• Otro temía perder su trabajo.
Porque sus autores temían represalias. Temían perder sus carreras, sus becas, su reputación, molestar a sus colegas y ser expulsados del templo de la ortodoxia médica. Los propios autores consideraron que el diseño del estudio era sólido y los datos valiosos. Según el testimonio recopilado por el abogado Aaron Siri, decidieron no enviarlo para su publicación formal.
Siri interpretó esto como un ejemplo de censura previa en la ciencia, donde los resultados que contradicen las narrativas oficiales se "ocultan" para evitar consecuencias profesionales o institucionales.
Lo que este episodio revela es algo más profundo que un simple debate sobre vacunas. Pone de relieve una crisis de integridad científica.
Una cultura donde se ocultan los resultados incómodos, donde la publicación depende de la conveniencia política y donde la salud pública se subordina a la narrativa dominante.
Aquí la cuestión trasciende lo técnico. Más allá de los números, lo que está en juego es el principio de que la ciencia debe ser un espacio libre de censura y de miedo.
Si los datos, sean cuales sean, se ocultan a la luz pública debido a la presión o el miedo, la sociedad pierde la oportunidad de un debate transparente y los padres pierden el derecho a tomar decisiones informadas.
Como señaló Siri: «Cuando los datos contradicen la narrativa oficial, se ocultan. Y cuando se ocultan, los padres pierden el derecho a tomar decisiones plenamente informadas».
La ciencia auténtica no teme al debate ni a la rectificación. El progreso científico se basa precisamente en la crítica abierta, la revisión rigurosa y la disposición a corregir errores cuando surgen nuevas evidencias.
Se trata de reconocer que ningún producto médico está exento de riesgos y que estos deben estudiarse con honestidad, no disfrazados por intereses corporativos o institucionales.
La ciencia no es infalible, pero debe ser transparente. Y cuando no lo es, deja de ser ciencia y se convierte en propaganda.
Aaron Siri ha hecho lo que muchos científicos no se atreven: ha expuesto la vacuidad que se esconde tras el consenso. Ha demostrado que la seguridad de las vacunas infantiles no está respaldada por estudios comparativos sólidos. Y se ha revelado que, cuando se realizan tales estudios, los resultados son demasiado incómodos para publicarlos.
La pregunta que queda es: ¿cuántos niños pueden enfermarse antes de que se nos permita hablar libremente? ¿Cuántos estudios deben censurarse antes de que admitamos que la ciencia necesita una reforma? Porque si el objetivo es proteger a los niños, el silencio no es una opción.
La verdad, por incómoda que sea, es el primer paso hacia una medicina verdaderamente ética.
El epidemiólogo Toby Rogers también testificó. Su revisión de más de 1000 estudios sobre autismo revela una verdad incómoda: la prevalencia del autismo en EE. UU. ha aumentado un 32.158 % desde 1970. Y no, los cambios en los criterios de diagnóstico no explican este aumento. Lo que sí lo explica, en parte, son las exposiciones tóxicas agudas, muchas de ellas asociadas con las citas de vacunación infantil. Rogers cita estudios ignorados por los principales medios de comunicación que muestran que la vacunación en ciertas condiciones, como la cesárea o la falta de lactancia materna, puede aumentar el riesgo de autismo hasta 18 veces. ¿Por qué no se habla de esto? Porque los estudios que contradicen el dogma son censurados sistemáticamente. ¿Estamos protegiendo a los niños o protegiendo una narrativa? La evidencia presentada por Siri y Rogers desafía la narrativa de la infalibilidad.
La disidencia debe ser informada. Este Substack busca impulsar la reflexión. Porque cuando el objetivo es proteger a los niños, el silencio no es una opción. La verdad, aunque incómoda, es el primer paso hacia una medicina verdaderamente ética.
Gracias por leer. Si este artículo te conmovió, compártelo. Si te incomodó, mucho mejor. La incomodidad es la primera señal de cambio, de que algo mejor te espera. Es una señal a menudo necesaria para crecer o alcanzar un destino más positivo. Es una señal de que algo merece ser revisado. La ciencia no es dogma. Es método, es duda, es revisión constante. Cuando se convierte en ideología, empieza a servir al poder y deja de servir a la salud pública.
* Para solicitar consulta con la Dra. Natalia Prego en: Barcelona, Madrid, Vilagarcía - Galicia o Telemática online, en el WhatsApp personal por “ESCRITO” al: +34 692 948 272
Las suscripciones pagas son para apoyar el tiempo y el trabajo que se invierten en las publicaciones, lo que hace que el trabajo de investigación sea posible y accesible para más personas.
Estoy profundamente agradecida a los suscriptores de pago.
Natalia’s Substack es una publicación con el respaldo de los lectores, en colaboración con Antonio Vila, artista e investigador independiente. Para recibir nuevos posts y apoyar, considere que si hace una suscripción de pago está haciendo una donación.
REFERENCIAS
Título del estudio citado: “Impact of Childhood Vaccination on Short and Long-Term Chronic Health Outcomes in Children: A Birth Cohort Study”. Autores: Lois Lamerato, PhD; Abigail Chatfield, MS; Amy Tang, PhD; Marcus Zervos, MD Instituciones: Henry Ford Health System y Wayne State University School of Medicine
Testimonio de Aaron Siri ante el senado en español: https://drive.google.com/file/d/15662U5juNceyHRlXmAsOfRqVPRg-hgVf/view?usp=sharing
Testimonio original en inglés de Aaron Siri ante el Senado de Estados Unidos https://www.hsgac.senate.gov/wp-content/uploads/Siri-Testimony-1.pdf
Pilot Comparative Study on the Health of Vaccinated and Unvaccinated 6- to 12-year-old U.S. Children - Autor: Anthony R. Mawson et al. - Publicado en: Journal of Translational Science, 2017 - Hallazgos clave: Sugiere que los niños no vacunados presentaban menos diagnósticos de enfermedades crónicas como alergias, trastornos neurológicos y problemas respiratorios.





Así es, apreciada Doctora. Basta observar las salas de espera de los consultorios pediátricos para ADVERTIR los SÍNTOMAS RECURRENTES que presentan los niños VACUNADOS desde su más tierna edad. También las maestras de escuelas primarias COMPRUEBAN esos SÍNTOMAS RECURRENTES en sus pequeños alumnos. Por no hablar de quienes llegan a la la edad adulta arrastrando esa CARGA INOCULTABLE. La felicito por CREAR CONCIENCIA desde este ESPACIO DE EXCELENCIA porque, de eso modo, nos ayuda a DESMONTAR la IMPOSTURA de que "ES POR NUESTRO BIEN" con que se defienden los SÁTRAPAS que CONVALIDAN estos ABYECTOS EXPERIMENTOS PSEUDO SANITARIOS. No debemos dejar de DIFUNDIR ESTAS VERDADES INCÓMODAS para que las CÓMODAS MENTIRAS empiecen a COLAPSAR. Personalmente, quedo siempre muy ENRIQUECIDA con la INFORMACIÓN INVALORABLE que usted nos aporta porque, de ese modo, REBATIMOS y COMBATIMOS a los sátrapas que CONVALIDAN los experimentos inyectables, las falsas pandemias y los genocidios perpetrados por la FARMAMAFIA, que es la la cara visible de la MAFIA DE LOS LABORATORIOS, que lucran con la CREDULIDAD PASIVA de la gente DESINFORMADA. Desde Mendoza, Argentina: mi REDOBLADA gratitud por su gesta.